<h1>''<center><span style="color:#BB8217">Bar</span></h1> <h2>Una historia de amistad''</center></h2> El <span style="color:#BB8217">bar</span> es lúgubre. No tiene ventanas y al fondo, a la derecha, desde donde estás tú, hay una zona en auténtica penumbra. En la entrada varias mesas se desperdigan a los lados. Pasas cual zombie, sin prestar mucha atención entre ellas, hasta llegar a la barra. Las mesas, las paredes, el techo, todo está empapelado con periódicos de diferentes nacionalidades europeas. El suelo está algo pegajoso. No son ni las doce de la noche. Has ido hasta allí casi como un acto reflejo. Llegaste ayer a la ciudad y, bueno, eso de ir al bar era lo que solías hacer un sábado cualquiera, como este. La típica noche de verano. Tú quieres estar allí dentro, con esa música espantosa y ese olor que una vez fue de tabaco. Te acercas a la barra. La camarera te sonrie y te llama por tu nombre. Hace mucho que no lo oías con esa sonoridad. Te reconforta un poco. Rápidamente saca un vaso, lo llena de hielo y de un líquido azul y burbujeante. Le das un trago rápido. Rasca y quema las paredes de tu garganta. Está bueno. Estás solo. No es una soledad desagradable, te has acostumbrado a ella. Pero comienzas a sentir como la melancolía te inunda. Quizá sea la bebida, el <span style="color:#BB8217">bar</span>, la ciudad, la noche, ese exacto momento de esa hora exacta. Piensas en que ahora mismo... Y te saluda, con un toque en el hombro. Sabes que es D. [[Puedes darte la vuelta y saludar a D. Déjate vencer por la melancolía. -> D]] [[Pasas. No te hace falta nadie más para divertirte esta noche. ->Borracho2]]La melancolía, la ciudad y la morriña han podido contigo. No puedes evitar darte la vuelta y contemplar a D. Sigue como siempre. Bueno, parece que ha ganado algunos kilos. Siempre tuvo cierta tendencia a ello. Y más desde el apoltronamiento que llevaba la última vez que os despedistéis. No sabes cómo han sido estos años para D. La comunicación se cortó del todo con tu partida. Ahora estás ahí, sonriendo, como si nada hubiera pasado. Sorprendente. Se acerca y se sienta junto a ti. Te pregunta si tienes más sed. Pero no te da tiempo a responder. Con un gesto le pide otra a la camarera. Delante de D. ponen otro botellín de cerveza y a ti te rellenan el vaso con más líquido azul. D. te habla de una cosa que descubrió en internet hace un par de días. Una forma más efectiva de soportar un micrófono cardioide de una pertiga fabricada en casa con un palo de escoba y un poco de cinta americana. Pero a ti qué te interesa ya un micrófono cardioide. Todo llega de golpe, otra vez, a tu recuerdo. La sensación de abandono, de desprecio, la ironía de la amistad. El desencanto. Ese dolor que te recorre la zona frontal del pecho, aprisiónandote y agarrotando tus miembros. No es un dolor natural, pero ningun dolor lo es. Deséchalo, refútalo, niégalo. [[Claro que sí, claro que puedes. Bébete eso y ponle a D. una gran sonrisa. ->D2]] [[Ignoras a D. No le das ni un sorbo a tu vaso. Esperas que lo pille. ->Borracho2]]D. lo capta, aunque tarda un rato. Suelta un bufido extraño y se da media vuelta. Vuelves a quedarte por tu cuenta. Durante un breve instante, un destello, un brillo, una pequeña promesa de compañía apareció en el aire. Pero ya no está. Se ha ido. Le haces una señal a la camarera. Rauda, te rellena el vaso y el líquido burbujeante y azulado vuelve a colmar los hielos medio descongelados. Estás cerca de la embriagadez, así que te arrojas a sus brazos sin ningún pesar. En el culo del vaso tienes una visión. Una aparición, casi. Ves a P. ¿Está ahí realmente? ¿O tan solo es una traición de tu mirada? Bajas el vaso y observas en el rincón oscuro, a la derecha del bar. Entre la penumbra, ahora sí, confirmas la existencia de P. Qué hace allí, por qué permanece sin desaparecer, todo esto es un misterio para ti. No sabrías cómo catalogar tu relación con P. La que tuviste una vez y ya no tienes y seguramente no vuelvas a tener nunca. No cae en ese cajón de nuevas relaciones nacidas con el triunfo del Yo y la subjetividad. Encajaría mejor entre las viejas relaciones de amor-odio o distancia-frialdad-ignorancia, descrita así por los pasos que se llevan a cabo a lo largo de la relación hasta la finalización de la misma. Así que ahora estás en una encrucijada, porque estas encrucijadas te las creas tú y nadie más. Continuar con la bebida es una opción como cualquier otra. Es un camino a seguir. Todo hasta el final. Sin detenerte. Recto y perfecto. Pristino. Mejor que la tenebrosidad del fondo. [[Te adentras en la oscuridad, dejas atrás la luz. Es hora del submarinismo. -> P1]] [[No vale la pena ni intentarlo. Te conoces muy bien y sabes que la oscuridad y tú os lleváis fatal. Sobre todo por el pánico que te da. -> Borracho3]]Te tragas ese vaso de cosa azul. Y quema y raspa y desangra tu gargante. Pero esta vez no es la bebida, sino el dolor, la angustia, el resentimiento. Tienes razón. Tengo razón. Es mejor seguirle el juego a D. Nada ha pasado. No existen los últimos acontecimientos que vivistéis juntos. Tampoco los anteriores. Ni los anteriores a estos. Ningunos. Volvéis a empezar. Te presentas. Él también lo hace. Se llama D no sé qué más. Os reís en alto. El alcohol ayuda a fraternizar. Así es mejor. Pone un billete encima de la barra y te pregunta si quieres salir de aquel antro. Nunca le gustó. Nunca te gustó a ti tampoco. Quizá se deba a que no tienes personalidad y siempre la has hecho caso. O es un sentimiento verdadero hacia el lugar. ¿Quién podría saber hoy en día qué es real y qué ficticio? Fuera se está bien. Estás bien. No hace frío, no hace calor. La chaqueta te tapa tus brazos escualidos. D. ni siquiera necesita chaqueta. Le va bien con una camiseta. Las camisetas son una constante en D. El mismo estilo a la hora de vestir. Parece que lleva vistiendo igual desde los diez años. Es probable que sea así. Miras al cielo en un acto lobuno, esperando aullar a la luna. Pero no la encuentras. Tampoco hay estrellas. Nada de aquello te da buena espina. Es una mala señal. Más arriba, más arriba, calle arriba, esta tu casa. No la ves, pero la percibes. Tu casa. Tu cama. ¿Qué hora es ya? D. te impele a seguirle. Rechazarlo, a estas alturas, sería un feo. [[Tienes razón -lo sé-, no ir con D. es un tanto grosero. Le sigues. ->D3]] [[Me voy a casa. El cielo está en mi contra. No se puede luchar contra el cielo. -> Caminocasa]] Sigues a D. por la calle. Hay gente rodeando las puertas de los bares. Fuman, beben en vasos de plástico, hablan, gritan, se ríen. Son de otro mundo. No del tuyo, desde luego. Viven vidas que poco tienen que ver con la tuya. Sufren de formas que tú nunca conocerás. Se divierten y se asombran con cosas que tú no comprendes. Y eso te carcome por dentro. No el hecho de no poder vivir como ellos, de no ser ellos, sino de saber que nunca lo sabrás. Consciente de tu mortalidad, te arrepientes de haberte formado como un sistema cerrado, incapaz de ser nadie más que tú. No es una cuestión de empatía, cosa que sí sientes. Es algo más complejo. Algo más difuso. Algo a lo que no se ha puesto nombre aún. O sí. Pero también desconoces eso. D. se planta en la puerta de un bar que se llama Mariposa en algún idioma que... Bueno, tampoco conoces. Yo lo sé, porque yo lo sé todo. Por eso estoy aquí. Y tú ahí. En fin, divago. Quería plantearte otra gran duda. Ves el bar desde dentro. Está lleno de gente. Este es más luminoso que el anterior, todo de madera. Suelos de madera, paredes de madera, bancos de madera, mesas de madera. Dentro, grupos de personas chocan jarras hechas de madera. Quizá ese no sea tu sitio. No perteneces a ese lugar. Vete a casa. Es tú última oportunidad. [[No, no, de verdad. Quiero entrar. Dejame entrar. Quiero divertirme como ellos. ->D4]] [[No vale la pena intentarlo. Mejor me doy media vuelta. La derrota no se sentirá tan mal mañana por la mañana. -> Caminocasa]] ¿Has perdido la cabeza? Vas irte a casa así como así. ¿Sabes la cantidad de historias que te aguardan? ¿Sabes el trabajo que he puesto en todo esto? Me he tirado... no sé, un par de días escribiendo todas estas palabras. ¡Solo dormí siete horas! Y luego un par de siestas de por medio. ¡Tuve que pedir una pizza porque me daba pereza cocinar y así podía seguir con esto mientras llegaba el repartidor! ¿No te da vergüenza? ¿Te parece muy vago todo esto? ¿En serio? ¿El recurso de romper la cuarta pared se ha visto agotado por el paso del tiempo? ¡Pero si lo hacían los griegos ya, claro que se ha agotado! No, oye, vuelve, venga. Date otro intento. Vuelve a empezar. Vuelve al <span style="color:#BB8217">[[Bar]]</span>. No tienes ni que leer todo lo que venía ahí. Solo puedes darle a una de las opciones. Cualquier es buena, en serio, yo lo sé. Puede que te enamores, que te enfades. ¡Hay un momento en el que aparece un fantasma! Claro que no es un fantasma al uso... No sé qué opinaría Oscar Wilde de ese fantasma. Aunque, ¿a quién le importa lo que opinaría Oscar Wilde? ¡Él está muerto y yo estoy aquí! ¡Ja! Púdrete Oscar Wilde. Pero me interesa mucho saber qué opinas tú. Puedes mandarme un correo a esta <a href="mailto:kyuni003@gmail.com">dirección</a> . No te preocupes, tú escrbe lo que quieres. Eres libre. ¿No te he convencido? ¿EN SERIO? Pues nada. Vete a tu [[casa -> Caminocasa4]].Huele exactamente como esperabas. El olor te llega al paladar. Saboreas el olor. Os sentáis en una mesa al fondo, frente a la barra. Es un lugar cómodo, agradable. La música no es tan espantosa como suele ser en estos sitios. Porque la música tiene ese efecto que, aunque no la escuches, afecta a tu subconsciente y te taladra por dentro. Modifica y altera tu humor. Te relajas. Te permites relajarte, mejor dicho. Notas los músculos doloridos tras tanto tiempo en tensión. D. habla de proyectos que tiene en mente. Te pregunta si llevas un bolígrafo encima. Era una costumbre que perdiste tras perder a D. en una niebla de ira y dolor. Así que le dices que no. El camarero os pregunta qué queréis. D., otra vez, pide por ti. Te da igual. Ha vuelto la vieja dinámica y se siente natural. Es como andar en bici. Si alguna vez hubieses dedicado media hora de tu tiempo y hubieses aprendido a andar en bici, claro. D. se va al baño. Te estiras a lo largo del banco. La espalda contra la pared, las piernas sobre el asiento. Empiezas a pensar en todo lo que podrás hacer con D. Podríais recuperar aquella vieja idea de... No, espera. Si estás de paso. Si realmente no existes allí. Solo eres un fantasma de veranos pasados y eternos. Aguanta ese pensamiento. Acaba de entrar P. en el bar. Sin duda alguna, es P. Ese pelo, esa espalda, esa forma de caminar a saltos cortos. Es P. Pero no puede ser. Pero lo es. Miras el lugar que ocupaba y ocupará D. Pírate. Qué más dá. Aunque sea, intenta saludar a P. Quizá puedas volver más tarde a esa misma mesa, simular que nada ha pasado [[No, soy leal a una persona y a una persona sola. Me mantengo en mi puesto como un buen general. ->D5]] [[Por intentarlo, no puede pasar nada malo. A ver qué se cuenta P. ->D4.1]]P. saluda a alguien. No lo ves bien. Puede ser un hombre o una mujer. Da igual. Notas un pequeño conato de envidia en tu zona pectoral. Sea quien sea la persona, no te molestaría cambiarte por él o ella. Pero has tomado una decisión y en la vida las decisiones son inalterables. A lo mejor no. Ahora que lo piensas, no sabes mucho sobre la vida. Dejas a P. pasar. Llegan las bebidas. No te detienes ni un solo segundo y empiezas a tragar. Ya no pica, ya no arde. Entra como la seda. La fuerza de la costumbre de las últimas dos horas. D. vuelve del baño, en calma, confiando en sus andares. Siempre ha sido así. Desde que tienes algún recuerdo de D. Puede que no sea muy inteligente o que no sepa tanto como quiere hacer creer al resto, pero a D. le encanta aparentar. Le gustan más las apariencias que a ti las dolencias imaginarias autoimpuestas. Se sienta y se congratula de las bebidas recibidas como un regalo divino que quizá paguéis o quizá no. Sin embargo, encuentras algo en sus gestos, en su mirada. Algo oscuro, a lo lejos, en lo más profundo de la pupila. Sientes un escalofrío. Y piensas en correr, en huir, en salir con pies ligeros de aquel lugar hasta que todo quede atrás, hasta que estes a salvo en tu casa, entre tus sabánas. Hasta que la sombra de la esquina desaparezca. [[No es para tanto. Estoy ebrio. Sí. Estoy ebrio. -> D6]] [[Te levantas y sales pitando. Sin mirar atrás. ->D7]]Te acercas a P. Clava en ti su mirada, esos ojos marrones enormes. Te sientes automáticamente inferior, dependiente, un bebé gateando. Así funciona la mirada de P. Te da miedo saludar, pero ya saluda ella. //Hola//, dice. Y tú ¿qué dices? Dices //Hola// también. No sabes qué más decir. Hay un largo silencio incomodo. Silencio. Así de largo e incómodo. Le dices que has vuelto a la ciudad. P. asiente con la cabeza, porque es evidente. Porque estás ahí, de pie. Dar información obvia es una táctica que tiene nuestro cerebro para rellenar el vacío. Es un jarrón mental. Dando espacio a un hueco donde no hay nada, solo contorneando, sin rellenar. Pura estética del //horror vacui//. Qué pánico te está entrando. Pero que no te dé miedo. La conversación comienza a fluir y ¡sorpresa! por un momento os reís a coro. [[Eso está más que bien. Sigue ahí, aferrate fuerte a esta persona. Que D. soporte el abandono. -> P6]] [[¿Cómo le harías eso a D.? Puedes quedar cualquier otro día con P., ¿verdad? Supongo. Vuelve con D., anda. ->D5]] No es nada, piensas para ti. Eso te calma. Te has vuelto sorprendentemente capaz de tranquilizarte por tu cuenta. Sin necesidad de ver una película o escuchar esa canción que te hace gritar a pleno pulmón mientras estás en la ducha, pretendiendo ser el personaje principal en una novela gótica moderna. Vuelves a mirar, pero ya no ves nada. D. está bebiendo de otro botellín de cerveza, a morro. Lo pone sobre la mesa y, entre el carraspeo que significa «qué bueno está esto y cómo refresca» y el eructo producto del gas, vomita una idea. Es una pequeña idea sin importancia, pero una idea al fin y al cabo. Y todas son dignas de consideración. Habla del instituto. Esa época que has intentado dejar atrás de una forma tan rápida y tan furiosa que podría competir en la Formula 1 y aplastar a sus rivales por un buen puñado de victorias. ¿Te acuerdas del instituto? Oh, eras un ser humano tan incompetente, tan indefenso. Pero tan lleno de vida y de sueños y de pasiones. D. se levanta y tú piensas en ir detrás. Eso fue lo que aprendiste en el instituto. Sin embargo, quizá no sea tan buena idea. Quizá no valga la pena ir al instituto. Hay algo maligno allí. Algo oculto. Miras a tu vaso. Ha hecho un charquito con todo el hielo derretido. Podrías, simplemente, pedir otra. Podras quedarte ahí para siempre. [[La eternidad dura demasiado. Te levantas y pisas donde D. ya ha pisado. Salís a la calle. ->D7]] [[La eternidad suena bien. Tienes paciencia. No te lo enseñaron en la universidad, pero lo aprendiste estos últimos años. -> D6.1]] El frío te golpea en la cara como aquella única vez que te golpearon en la cara. Si mal no lo recuerdas, fue D. Aunque empezaste tú, diré en su defensa. Una buena bofetada con la mano abierta. Plas, plas. Eso fueron dos, una licencia poética que me he permitido. El caso es que es muy tarde. ¿Hacía cuanto que no te quedabas despierto hasta esta hora? Años. Decenios. Milenios. Sería un buen momento para irte a casa. No, espera, eso ya no es una buena idea. Estás yendo en dirección contraria. Que le den a tu casa. Que le den muy fuerte. Que le den por todas las ventanas. Tiras de las mangas hacia abajo, como si fuese a darte más calor ese gesto. Lo repites y lo repites, pero no consigues nada. Lo siento, no puedo controlar el frío que hace. Bueno, sí. Pero no quiero. Hay algo en la mirada de D. que te calma. Ahora lo ves. Te ha seguido o lo has seguido tú, da igual. Pero toda la oscuridad que observaste antes se ha convertido en un cielo azul despejado. Caminas junto a él. Pasas por delante de ese sitio de paredes rojas y puerta negra. ¿Cómo se llamaba? No lo pone fuera y no consigues recordar su nombre. Has estado poco ahí. Se abrió unos meses antes de que te fueras y nunca surgió una gran amistad entre el local y tú. Has estado dentro, claro que sí. D. te cuenta un par de historias que ocurrieron allí. Pero son todo chismorreos de vieja portera. No es que le ocurriesen a él. Solo los vio o se los contaron. Eso es D. Una vieja cotilla. Sientes la atracción, pese a todo, de la puerta negra. Es lisa, sin adornos, sin un pomo a la vista. No sabes cómo se abre, pero ahora puedes descubrirlo. Y saber qué hay dentro. [[Seguiré a D. a donde sea. Así lo he decidido. ¿O lo has decidido tú? -> D8]] [[Veamos cómo se abre esa maldita puerta. A ver qué tiene que ofrecerme este sitio. -> N3]]Niegas con la cabeza, sin mirarlo. Qué idea tan absurda, te dices. El instituto murió hace mucho, mucho tiempo. Ya no significa nada para ti. ¿Los mejores años de tu vida? Ni de lejos. Sí, estuvo bien, claro. En comparación con todo lo que conocías antes, muy difícil tenía que ser para que no lo estuviese. Pero, ¿qué conocías antes? ¿A quién conocías antes? ¿Te descubriste allí? ¿Eres ahora otra persona distinta desde que saliste de aquel lugar tan enrevesado, tan barroco? El vaso deja un charco en la mesa, producto del hielo derretido y el frío que se condensa fuera de este, provocando una agüilla extraña, casi mística. Levantas la cabeza y miras a los ojos a D. Tiene una mezcla de ira y decepción en esos ojos que, por primera vez, descubres que son rojos. Rojos como la sangre, rojos como el vino, rojos como un mal augurio. Algo se agita en tu interior. Un escalofrío recorre tu espalda. Deberías sentir un poco de pavor. ¿Lo sientes? Ese nerviosismo que te atenaza el estomago y no te permite respirar más que de forma entrecortada y rápida, como si te ahogases en el propio aire que inspiras y expiramos. Una niebla cubre el bar. Y sucede. <strike>Desapareces Es un vacío. Como cuando cierras los ojos y no ves nada. ¿Es porque estás ciego o porque realmente no hay nada? Extiendes las manos, pero no hay contacto con ninguna superficie. Quizá estás en el medio de una gran nave industrial y lo más cercano a ti está a tres metros. Avanzas. Nada. Pero tus pies tampoco están tocando nada. No hay suelo. Espera, ¿dónde están tus pies? Comienza a fallar tu propiocepción. Este es el <h3>infinito</h3> Aquí nada puede existir, porque todo debe morir. Todo tiene que ser limitado para que la evolución tenga cabida. La muerte es un requisito esencial, la única ley irrompible de la física universal. Y tú has intentado saltartela. Tu castigo es este. Acepta la muerte, abrázala y entonces podrás huir. Hasta entonces, tu fin sera eterno. O lo que es lo mismo: inexistente. <center><h1>''FIN''</h1></center></strike>Las puertas del instituto. Las estrellas siguen sin aparecer. Te gusta pensar que el cielo está nublado. Sabes que no es así. Una gran verja te separa de la pista de baloncesto - fútbol que hay dentro del recinto y del cesped con un par de árboles aquí y allá bajo los que se refugiaban los más melancolicos y pensativos. Tú zona era la cafetería. A resguardo. Bien encerrado. Con el olor a café llenándote el cerebro. Solo su aroma ya te despierta. Puedes sentirlo, aunque solo sea un recuerdo. D. ya ha cruzado. Está paseando por el camino empedrado hacia la entrada principal. Cómo ha cruzado y cuándo es un misterio que se te escapa. Tú estabas en tus ensoñaciones. Escalas como puedes (esto es, muy mal) y consigues llegar al otro lado. Te acuerdas del niño de Parque Jurásico que casi muere electrocutado. Por supuesto, esa valla no está electrificada. Bajas tranquilamente, deslizándote, hasta que tus pies pisan suelo firme. Alcanzas a D. y con un empujón a la gran puerta principal, entráis. Sin seguridad. Sin cerradura. Está abierta. Así de sencillo. Pasáis al gran hall. Al fondo, dos grandes escaleras suben hasta la primera planta. En el medio de ellas, los despachos de los profesores. Te habías olvidado de su magnetismo. De lo enorme que es aquello. A diferencia de lo que es habitual, tu recuerdo había empequeñecido el sitio. D. te señala una puerta cochambrosa y pequeña que está colocada, como un pegote, un anacronismo fuera de lugar, en un pasillo lateral. Nunca la habías visto. Piensas, en su lugar, en el escenario del teatro. Justo encima de tu cabeza. Al alcance de la mano. [[La puerta, la puerta. -> D9]] [[Las escaleras, las escaleras. -> D8.1]]La puerta se abre tan facilmente como se abrió la otra. Solo haciendo un poco de fuerza con la punta de los dedos. Y unas escaleras de madera roídas dan la bienvenida. Descienden hacia la oscuridad, perdiéndose en ella. Sientes una gota de sudor bajando por tu espalda, recorriendo tu espina dorsal. Esas tinieblas no están ahí. Están dentro de ti. Nacen de ti. Salen de ti. Piensas en la mala idea que ha sido volver. Al instituto, a la ciudad, a aquel bar. A saludar a D. Te ha vuelto a vencer con su labia, con su decisión. Con tu falta de personalidad. Por eso has vuelto, también. Porque no sabías que hacer tras la perdida, tras la derrota total. D. comienza a descender. Intentas decirle algo, pero nada sale de tu boca. Así que, llegados a este punto, te internas en las tinieblas. Bajas un escalón. <center>Luego otro.</center> <P align=right>Y otro más.</P> <center> Un peldaño.</center> Sin fin. <center>En una cueva </center> <P align=right>hacia el mismo</P> <abbr title=“Alt text”>HADES</abbr>. Tras lo que parece un descenso casi eterno, pareces ver el final. Una luz te avisa de que ahí está el suelo, ahí las paredes. La estancia se abre a un lugar lleno de cajas, mesas y sillas viejas, pizarras rotas. Y en el medio de todo esto está D., expectante. Mira con curiosidad por todos lados, ignorando el polvo y el tiempo acumulado en aquel lugar. Entonces te mira a ti. Tú, ahí, con un pie pendiendo de un hilo. No te atreves a bajarlo. No te atreves a abrazar por completo la locura que ha llevado hasta allí. No quieres admitirla. [[No es nada, en serio. Pisa ese suelo, quiérete, sigue. -> D10]] [[Sube ese pie. Luego sube otro. Recupera los escalones que has dejado en la oscuridad, arriba. Sal al exterior. -> D9.1]]Subes las [[escaleras ->N7]]. En la puerta está N. //Sabía que vendrías//.D. sonríe. Es otra vez esa sensación. Hay algo que no encaja. Sus ojos se llenan de una negritud plena. Son dos pozos de petroleo por los que mana lo terrible. Poco a poco, su piel comienza a derretirse. Muda de estado. Ahora es vaporoso, ya no sólido. Es una bruma negra que flota en el ambiente. Penetra por tus fosas nasales, inunda tus pulmones. Ahora respiras a D. Ahora sois lo mismo. Te rebelas. Luchas contra ello. Dejas de respirar, golpeas el aire, manoteas la nada absoluta. <center>ES IMPOSIBLE.</center> Grita algo en tu cerebro. <center>D É J A M E</center> Pero lo rechazas. Con pavor. Con ira. <center>TE AMO</center> Y la ira comienza a evaporarse. El pavor se apacigua. Algo calido te llena. Te sientes... relevante. Ya no estás solo. Y no es una soledad que se haya solucionado con una compañia material. Sabes que nunca más estarás solo. Aunque físicamente lo estés. Eres espiritualmente ambas personas. Por fin eres un ser completo. [[Lucha. Rebélate. Por primera vez en tu vida, haz algo con ella. ->D11]] [[Eso es. Duerme. Cierra los ojos. Descansa. Por fin lo has conseguido. ->D10.1]]Está amaneciendo. Lo sabes. Lo puedes notar. Cuando llegas arriba, confirmas tu premonición gracias al sol que entra por las ventanas. Te sientes a salvo. No sabes por qué te sientes así, la verdad. Para sentirte a salvo tendrías que haberte sentido en peligro antes. Pero así es y nada podemos hacerle. Caminas con tranquilidad hacia la puerta de entrada. Esta cerrada. La empujas hacia dentro. Nada. Ahora hacia fuera. Nada. Había sido tan sencilla abrirla. Un viento aparece. Oyes un redoble en una bateria. Viene de arriba, del escenario. Y entonces llega el viento. Es un viento extraño. Parte de la nada. ¿No surge así todo el viento? Aunque es un fenómeno que suele suceder en el exterior, no en el interior de un edificio. Te penetra y te atraviesa. Intentas huir hacia el escenario, hacia arriba. Pero no puedes moverte. Te lo impide ese viento pavoroso. No sabes qué es. La puerta del sotano se agita con violencia. Te arrastra hacia allí. Puedes luchar o puedes rendirte. ¿Puedes? ¿Tienes opciones? Aunque solo sean dos... parece complicado tener //tantas//. El juego debe continuar, sin embargo. No pararse nunca. Una locomotora con gasolina para girar sobre la Tierra durante el resto de tu vida. [[Rendirse ->D10.1]] [[Luchar ->D11]]Luchas. con uñas, con dientes, con garras, pinzas, antenas. Mutas. Ahora eres otra cosa, estás en otro mundo. Ahora habitas en tu mente. Es un lugar A <center>M</center> <P align=right>P</P> <center>L</center> I <center>O</center> pero un tanto desaprovechado. Observas a toda la gente que alguna vez fue alguien. Lo fácil que te has desecho de ellas o que ellas se han desecho de ti. Todos ellos son tú y tú eres todos ellos. Lo buscas. Tiene que estar ahí. Camuflado tras una columna, tras un muro de carga, sobre un tejado o bajo un suelo de madera. Es D. a quien buscas. Solo que ya no es D. Es otra cosa. ¿En que se ha convertido tras todo este tiempo? ¿Qué ha sido de sus proyectos, de sus ideas que nunca iban a ningún lado? Se ha convertido ahora en esto. En puro vapor de agua. En un fantasma sin trágica muerte, sin caserón por el que vagar. Solo en la mente de esa vieja gloria que eres tú. Lo encuentras. Es una nube temerosa, asustada. Te pide que por favor no la despidas. Que nunca tapará tu sol. Solo proyectará mejor los rayos. Los fortalecerá. Servirá de ayuda en todo aquello que le pidas. Te complementará y completará. Permaneces impasible. Tan solo cierras los ojos. Te hundes más en ti mismo. Llegas al final. Y vuelves. Abres los ojos. Vuelves a sentir la soledad. Es distinta, sin embargo. Más ligera. Ya no pesa. Porque sí que lo habías hecho antes. No eras cosciente de ello, pero ya habías luchado. Cada día. Cada momento. En cada respiración. Tu personalidad estaba ahí, escondida tras toda esa gente. Pero existe. Respiras aliviado. <center>U U F F</center> La oscuridad ha desaparecido. Al llegar al hall, el primer sol de la mañana entra por unos grandes ventanales. Sales al exterior. Deberías estar en casa durmiendo. Menos mal que no lo has hecho. <h1><center>''FIN''</center></h1>El sol comienza a aparecer en el horizonte. Tú no lo ves porque estás en el sotano de tu antiguo instituto. Es un lugar frío, humedo, pero estás a gusto. Sobre un charco que alguna vez fue una persona conocida te acurrucas. Notas un extraño peso sobre tus parpados. Te vencen, te ganan, te duermes. Y se acabó todo. Descuida, yo me encargo de seguir a partir de aquí. Ya no queda nada más que hacer. Cuelga un cartel en la puerta. Nunca te encontrarán. Descuida, yo estoy aquí para recordarte. Has tomado todos los pasos que has querido tomar. Felicidades. Has ganado. ¿ME OYES? Has ganado. OYE. EH. OYE. Tú ganas. <h1><center>''FIN''</h1></center>¿Podrías decir que P. está igual que siempre? Es lo que se dice normalmente al encontrarse a alguien que hace años que no ves. Este es el caso. Acercate y dile que está igual que siempre y que hace años que no os véis. Confirmale ambas cosas: su juventud y tu lejanía. Una puede reforzar lo otro, pero la otra podría dejar inconsciente a la una. Si hace años que no os véis y P. sigue igual, le das una alegría. Si P. sigue igual porque hace años que no os véis, parecerá que nada ha cambiado en su vida desde que tú no apareces en ella. Ten cuidado con las palabras que vas a elegir. Con los comienzos, los finales y los medios de la frase. A ver cómo pronuncias esas silabas llenas de eses y erres que tanto te cuesta sacar adelante. Vale, te he atacado un poco. Lo siento, pero en estas cosas nunca se sabe. Es mejor temer el encuentro que encontrarse de pronto con alguien. La gente rodea a P. No es que sea una súper estrella, pero recuerdas que era afable al trato con aquellas personas por las que no sentía más que una ligera amistad. Con la gente que sobrepasaba esa amistad y llegaba al afecto, al cariño y a algo más a continuación solía comportarse peor. Es uno de los motivos de que... ¿os dejáseis? ¿Te dejase? ¿Acaso fuiste capaz de dejar a P.? La respuesta debe ser negativa, porque ahí estás, arrastrándote por las sombras para saludarla. Tienes miedo, para que negarlo, de que te pueda volver a rechazar. O de que te vea y no se acuerde de ti. Pero, ¿eso es posible? Sí, lo es. Contemplas esa certeza como un atardecer: tras este, habrá otro amanecer. Y así //ad nauseam//. P. hace algo inesperado. Se levanta de su asiento y se dirige a la barra. Tú, junto a la pared del fondo, te refugias tras una maquina de tabaco. ¿Por qué has hecho eso? Eres un felino estupendo. Sigiloso y atento al más mínimo cambio en las particulas del aire. Alguien te pregunta si vas al baño. Por una de esas casualidades ridículas del destino, la maquina de tabaco está pegada a la puerta del baño. Y tú no sabes que hacer. Dudas ante la urgencia de aquella persona. ¿Vas o no vas? [[Mejor me acerco a saludar a P. Ahora que no hay nadie cerca, será menos triste si me ignora. -> P2]] [[Sí, al baño, a vomitarlo todo. A autoinfligirte lesiones un poco. Sin piedad con uno mismo. -> Baño1]]P. ni siquiera te ve. Y tú no te atreves a ir hasta allí. El //status quo// se mantiene inalterable. Mejor así. Llevas ya no sé cuántos mililitros de bebida azulada y burbujeante en la sangre. Pero haces un gesto y la camarera te sirve más. Antes de darle un sorbo, sin embargo, necesitas ir al baño. Se ha vuelto una costumbra esto de orinar tras beber tanto. Debes hacerlo. El lavabo es... es mejor no hablar de él, no te voy a engañar. En algún otro lado he dejado una descripción, ahora mismo no sé en dónde, así que puedes intentar llegar hasta allí y descubrir cómo es este lavabo. Si no, puedes usar la mejor tarjeta gráfica de la historia. Me refiero a tu imaginación. Piensa en un sitio pequeño, sucio y feo y estarás cerca de acertar. Además, el suelo está mojado y el papel higiénico es inexistente. Apáñatelas como puedas. Eres tú quien tiene que mear. No haber bebido tanto. No, en serio, es algo que me molesta. Toda esa cultura de la exaltación del alcohol y el culto al alcohol y la mitología del alcohol. Ya está bien, hombre, ya está bien. Siempre dándole vueltas a la misma idea, contando por ahí qué has bebido y cómo has acabado por haber beb... Perdona, acaban de llamar a la puerta. Deja de gritarte al espejo y responde. Eso es. Abre el pestillo, con cuidado, está algo duro. No te resbales. No hay prisa. La urgencia, en este caso, es inexistente. Abres la puerta y es N. Está mirando a otro lado y no te ve. [[Rápido, disimula. Agacha la cabeza y vuelve a tu puesto de ebriedad -> Borracho4]] [[Llama su atención, despiértalo. ¡Si es N.! -> N1]]P. te siente. O eso quieres creer. Se da media vuelta y planta esos enormes ojos marrones en tus ojos menos enormes, menos marrones, menos interesantes. Te escudriña. Parece preguntarse si realmente eres tú. Si hay alguna posibilidad de que seas tú. Temes que sea por la ofensa que le supone las agallas que tienes para plantarte ahí, con esa cara de tontaina, sonriendo y saludando con una mano. Qué vergüenza, piensas. Sin embargo, ya ha empezado un descenso sin frenos y ahora tienes que lidiar con el muro que te espera al final de la caída. A mi no me mires, te has metido tú en esto, tú y nadie más, tú, tranquilamente, pretendiendo que nada ha pasado, creyendo que las relaciones humanas son así de irrelevantes e imprevisibles. No tienes la menor idea de cómo funciona todo esto. Ponen delante de P., en la barra, dos vasos. En uno de ellos hay ese líquido azulado y burbujeante. Siempre habéis tenido un gusto muy similar sin saberlo. Nunca quisistéis admitirlo. Sería como asumir vuestras debilidades. ¿Eso son los gustos, no? Pequeños fallos en el diseño humano por donde te pueden herir. Si algo te gusta y lo llevas con orgullo, cualquiera se puede reir de ello. Pero ahora no estamos hablando de tus inseguridades, sino de intentar hablarle a P. ¿Insistes? No hace falta. P. dice //hola// y se forma en su cara una sonrisa extraña, poco común. Una sonrisa inesperada. Sí, es la mejor forma de definirla. Ahora el pánico se apodera de ti y te inunda. Será mejor que huyas. A casa, sí, a tu querida casa. O puedes, ya sabes, saludar tú también. [[//Hola//, dices e intentas formar otra sonrisa interesante. No te sale. -> P3]] [[Te das un cuarto de vuelta y sales por la puerta. Adiós noche eterna. -> Caminocasa]] El baño, por supuesto, es un cuchitrill con una taza sucia y desnuda, sin adornos ni tapas por encima, un lavabo de manos con solo un grifo operativo y un espejo lleno de manchurrones que, esperamos, sea solo jabón y agua sucia. Aunque no hay dispensador de jabón por ninguna parte. Te ha llevado hasta allí tu miedo y tu desesperación, así que supongo que la decoración del lugar encaja bastante bien con tu mundo interior. Si es que tienes alguno. Te miras al espejo y tan solo ves una cara demacrada tras horas de insomnio y un viaje devastador atravesando medio país de forma precaria. No te reconoces. El espejo te da la visión de tu cuadro maldito, encerrado en un desván, tapado por un trapo sucio, el cuadro que envejece en tu lugar. Así que lo que ves no es una versión verídica de ti. ¿Verdad? Llaman a la puerta. Es tu oportunidad para salir, para volver a intentarlo con P. O puedes quedarte ahí, un rato más, solo un poquito más. Refrescarte la cara, mirarte en el espejo, comprobar esas ojeras, eras orejas de soplillo, todas esas imperfecciones agravadas por la suciedad del espejo. Vuelven a golpear en la puerta. No suena urgente, pero sí interrogante. La persona al otro lado se pregunta si hay alguien dentro o está haciendo algo mal con la manilla de la puerta. Pero no. Es que has echado el pestillo para que la soledad sea total. Un tercer golpe. Quizá sea el definitivo. Quizá luego cuelguen y no te vuelvan a llamar, dejándote con una llamada perdida en el teléfono a la que no quieres responder. [[Abres la puerta. Y, encuentras a N. tan despistado como siempre. -> N1]] [[Te quedas un rato más. Dame tiempo para autofelarme la tristeza -> Baño2]]Aquello es... agradable. Tan agradable como nunca. Desde la perdida, desde que llegaste a la ciudad, desde hace mucho tiempo no notabas algo tan agradable. Calido, alegre. P. dice algo que te hace reir a carcajadas, aunque intentas controlarlas con una mano. Eso hace la escena más graciosa aun y P. es quien se rie esta vez sin poder controlarse. Lleváis ya allí un rato, acodados en la barra, bebiendo y riendo. Es lo que tiene el bar. La extraña capacidad para recuperar fraternidades perdidas. Quizá tú quieras algo más, P. no parece querer nada menos. Así que es cómodo. Alguien reclama su atención, sin embargo. Desde la mesa al fondo, en la oscuridad, alguien grita su nombre. Te habías olvidado de él. Suena largo y elegante como siempre. Tiene esa cualidad. El nombre no corresponde a la persona. Nunca lo ha hecho. P. te mira, con cierta preocupación. Sabe de tú incapacidad para rodearte de gente desconocida y... bueno, pasarlo bien. Así que no sabe si invitarte a ir con el resto de esa gente (toda gente amable y maja, te lo aseguro) o salir por ahí. A otro lado, a otro bar, a la noche eterna. Deja caer la idea. La recoges como puedes. Con ambas manos, palmas abiertas. Pero arde y tienes que soltarla cuanto antes. Son las prisas del Nuevo Mundo. Miras hacia el tenebrismo profundo del bar. No puedes ver nada. ¿Quién será esa gente que habita cual murciélago? ¿Y qué habrá ahí fuera? Solo hay una forma de descubrirlo. Aunque solo podrás descubrir una cosa. [[Salgamos por ahí. El ambiente en este lugar está empezando a pasarme factura. -> P4]] [[Vamos a conocer a esa gente tan amable y maja, según me ha asegurado alguien. -> P3.1]] No hace frío, no hace calor en la noche. Te llega con una chaqueta y nada más. La cercanía del océano ayuda a regular esas temperaturas extremas que has estado viviendo estos últimos años. Mucho mejor esto. Pon un pie, luego el otro, continua. Felicidades, ya estás andando. P. va junto a ti, mirando hacia el suelo. Muy normal todo. Siempre lo has recordado así. Así era el mundo antes de la Bomba, de la Desaparición. Todo se vio subvertido, patas arriba. Y ahora vuelve a estar en la dirección correcta. Es un sentimiento de completismo que solo contemplan las películas con sus arcos argumentales y su capacidad para concluir algo tan complejo como la historia de una vida. Solo los villanos y sus secuaces tienen un final real: su necesaria muerte. Aquí, sin embargo, todo sucede en plano secuencia. Sin cortes, sin elipsis. Tienes que vivir cada minuto de tu vida durante el resto de la misma. En esta escena, estas parado delante de un bar llamado Mariposa en un idioma que desconoces, aunque yo lo sé, porque yo lo sé todo. Quizá esto te parezca un //deja vu//, pero nada más lejos de la realidad. Esto está sucediendo una vez en el espacio y el tiempo. P. te pregunta si quieres entrar y tomar algo, los dos solos. Sin embargo, hay algo en ese lugar que te repele. Sus paredes de madera, sus bancos de madera, sus mesas de madera. Hasta la gente brinda y celebra con jarras de madera. El medievo nunca fue tu época favorita de la Historia. Y eso es el medievo convertido en bar. Pero P. insiste, brevemente. Tampoco es que le vaya la vida en ello. Al final la última palabra la tienes tú porque eres como su huesped, como un invitado. En eso te has convertido ahora. En un extraño en tu propia ciudad. [[Sí, entremos. Podría estar bien, después de todo. A saber qué nos aguarda al otro lado de esta puerta de madera. -> P5]] [[No, mejor será seguir andando. Continuemos en esa apacible noche. -> P6]] P. te introduce al resto de la gente. Saludos cordiales, alguien levanta una mano en señal de bienvenida, te dicen que te sientes. Y lo haces. Te sientas en un taburete. El taburete, por definición, no tiene respaldo. Son cuatro patas y una tabla de madera encima. No hay una mesa cerca, estás casi en el infinito vacío de una baldosa. Ahora es tu baldosa. La gente sonríe, grita, se cuentan chistes. Vuelven al pasado. ¿Te acuerdas del pasado? Seguro que sí. El pasado es esa cosa en la que solías vivir y, de hecho, viviste durante un tiempo. Un tiempo muy serio e importante. Así lo creías tú. Te divertías, claro, porque no existía esa capa de depresión y negatividad que ahora lo envuelve todo, como una bruma que difumina las luces de las farolas, la polución cubriendo la zona más baja de la átmosfera, impidiendo la llegada del Sol, impidiendo que puedas tocar algún día el cielo con tus dedos. Te gustaría meterte en la conversación, saber de qué están hablando, pero acabas de descubrir que es muy tarde. Miras a P. con ojos de cordero degollado, pero parece estar ignorándote a proposito, sin devolverte la mirada. Sientes, sin embargo, que sabe de tu mirada. Que la puede percebir. Y algo te duele por dentro. El sentimiento de no pertencer al lugar que habitas, a ser algo más que tu cuerpo, pero menos relevante que su propia fisicidad. Eres varias personas y todas ellas no juntan ni un ser único y excepcional. Solo eres fragmentos de cosas, cosas olvidadas, cosas perdidas. Eres un fantasma en el rabillo del ojo de los demás. Solo te ven con su visión periférica. Y cuando se fijan en ti, tú ya has desaparecido. Pero puedes intentarlo. ¿Puedes? Depende de cómo te sientas ahora mismo. Ya te digo que no muy bien. Tampoco no muy mal. Esta situación intermedia provoca que no sabes si subes o si bajas, si te vas a lanzar o qué. Te voy a dar tres opciones, porque puedes quedarte donde estás, retornando al pasado y encerrándote en tu capullo interio, algo que solo verás tú. O puedes intentar llamar la atención de P. Ey, existes. A ver qué sucede. A ver dónde acabas después de parpadear. O puedes volver a donde estabas. A la ebriedad. Al vaso. A la barra. Al punto de partida. [[P. seguro que vale la pena. ¿Cuándo te ha fallado P.? Ah, sí, claro... -> P4]] [[Oh, el pasado. Qué tiempo aquel. ¿Quieres hacer un viaje? No será lisérgico. Pero puedes vivir allí para siempre. -> Pasado1]] [[Uh, la bebida. Es cierto. Se derriten los hielos. Es mejor volver a ella cuanto antes. -> Borracho4]] Nadie parece querer serviros una simple copa. El lugar está lleno y vosotros no ocupáis mucho espacio, así que no os prestan mucha atención. Intentas tú, por tu cuenta, llamar la atención del camarero, que corretea de aquí para allá. Al final te da un poco igual, porque te lo estás pasando bien. Oh, sí. Por primera vez en mucho tiempo se puede decir que te lo estás pasando completamente bien. Sin peros, sin quejas. Te has entregado a ello y la apuesta ha salido a pedir de boca. Ahora la noche, ese cuerpo, ese momento te sientan como un guante, te encajan perfectamente y te sientes más vivo. Lo cual significa que eres menos tú. Pero no importa. Porque te estás divirtiendo con P. y eso es todo lo que podrías haber deseado al salir hoy de casa. ¿Es un sueño, acaso? ¿Es real todo esto? ¿O tan solo es tu febril imaginación la que se está haciendo pasar por este entusiasmo y exaltación del momento? Rechaza esa idea. Rápido. No puedes dejar de dudar ni un instante, pero debes hacerlo. Ahora debes. Tienes que intentarlo, al menos. No contemples todo esto como si fuese un almuerzo desnudo. Como si por primera vez vieses esos rasgos y te resultasen extraño. Como si nunca hubieses intentado memorizar su nariz, sus orejas, su boca. Abandona toda idea de flaqueza. P. se va al baño. Sigues sus pasos con tu mirada. Y te encuentras la mirada de D. Es una mirada confusa, extraña. Querría estar contigo, quizá. El bar está abarrotado pero D. ocupa una mesa para sí. No la comparte con nadie. Quizá un asiento lleva tu nombre. Acercate a comprobarlo. ¿Lo estabas pasando bien? Se te ha olvidado, ahora, en tu recuperada soledad. Y, después de todo, quizá puedas volver con P. después. Sabes, sin embargo, que los tres juntos arruinaría toda la noche. Ni quieres ni puedes permitírtelo. Ahora tienes que mantenerte firme en tu puesto o ceder al capricho repentino. [[El puesto. -> P6]] [[El capricho. -> P5.1]]Habéis preferido pasar de ese lugar llamado Mariposa. La noche empieza a refrescar. ¿Qué hora es? Miras el reloj, pero parece que se ha parado hace seis años, así que no sabrías concretar. No hay estrellas en el cielo, ni siquiera aparece la luna. No puedes predecir donde está el norte o qué hora de la noche es. Avanzáis por la calle principal, rodeados de gente que viene y va y sale de los bares y entran y se pelean y se aman y se besan y discuten y llorar y rien y te desprecian y les desprecias. P. te mira, aunque tú no te das cuenta porque estás demasiado ocupado intentando leer los labios del resto de la gente, a ver si alguno de ellos se está mofando de ti. P. arrastra de vuelta tu espiritu a tu cuerpo. Cuenta algo, una anecdota irrelevante sobre cómo la semana pasada pudo haber conseguido aquella película que llevaba tiempo buscando. Al final no la encontró porque el único torrent disponible acabo siendo una película porno. No entendía nada cuando comenzó a verla y todo quedó bastante claro al ver el primer desnudo. No es lo que cuenta, que es un bastante común y nada llamativo, sino el cómo lo cuenta. La forma devora al fondo y lo aplasta y te desmontas por dentro y las lagrimas de una risa histérica comienzan a brotar de tus ojos. Ha valido la pena, sin duda, seguir caminando, abandonar aquel lugar. Tienes que detenerte. Eres incapaz de reir y andar. P. se para junto a ti y os ilumina un neón enorme. Parece un Dios descendiendo a la tierra para bendeciros. Solo es una sala llamada no sé qué Estrella o al revés, Estrella no sé qué. Medio neón está apagado. A P. se le ilumina la cara, aunque quizá sea el neón lo que la ilumina. Pero es tarde y estás un tanto exhausto. No sabes si ahora lo que te apetece es meterte en un sitio donde la música es atronadora y la luz escasa. [[Hasta ahora ha ido bien. ¿Qué podría salir mal de un momento a otro? -> P7]] [[Mejor cerramos la noche aquí, por lo alto. Tu casa no está lejos y no vale la pena seguir en vilo. -> Caminocasa]] Has cedido al capricho. D. te saluda con confianza, como si supiese que te ibas a acercar. En efecto, el sitio que hay libre, todo él, lleva tu nombre. Te saluda y lo saludas y os intercambiáis unos //Holas// como si la cosa no fuese con vuestras personas en absoluto, pero sabiendo que todo el universo gira sobre vuestras cabezas, vuestros hombros, vuestras extremidades y tronco. No has dicho nada en todo este rato. D. tampoco. Has pasado de su culo antes y ahora podrías volver a hacerlo. Lo extraño es que D. no quiera pasar del tuyo. Todo lo contrario. Sonríe de forma encantadora. Su sonrisa, en los extremos, deforma el restro de su cara. Los ojos, las orejas, las aletas de la nariz. Lo convierten en una extraña caricatura de quién había sido una vez. Tendrás que actuar tú, por una vez en tu vida. No te vas a morir, ni nada. Ni un pequeño derrame. Te lo prometo. Un camarero se acerca y D. pide. Dos copas. Una para ti, claro. Entonces se pira. Te deja a cargo del problema que supone esperar a recibir las bebidas y beber lo tuyo sin miramientos, cuando P. está por ahí, en algún lado, esperando por ti. De hecho, ahí está. Pero está con otra persona. Espera, ¿qué? Otra persona. Un tercero. Eso es... terrible. Simplemente. Terrible. TERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRIBLE [[P. ya está perdida para el resto de la noche. Contempla su figura desde lejos. Y maldice. ->D5]] [[Vuelve con P. ahora mismo. Arrastrála fuera del bar. Decide que ya no vale la pena seguir allí. Sé un ente activo. Un protagonista de tu historia. -> P6]] Cómo baila. //Drunk girls know that love is an astronaut It comes back, but it's never the same// Te habías olvidado. //This fire is out of control I'm gonna burn it, I'll burn it, I'll, I'll, I'll burn it down// La forma atlética //Du bist sehr schön But we haven't been introduced// que siempre había trabajado sin esfuerzo. //u could blame it on the music but it wouldn't b right// Es un verdadero misterio //But now I think it’s time I lived my life on my own I guess it’s just what I must do// cómo has podido olvidarte de todo esto. Y GRITAS. EXCLAMAS. RUGES. Pero piensa y elige sabiamente. [[Vamos a mi casa. -> P8]] [[Quedemonos aquí para siempre. -> P7.1]] Y P. dice que sí. Con un salto, media vuelta, el pelo en el aire, gravedad cero, te sonríe de nuevo, esa sonrisa de nuevo. Lo dejas todo atrás. Todos los bares, toda la gente, todo, todo, todo lo dejas atrás. Pasas por encima de los últimos años, todos esas batallas, todas esas luchas continuas. Te dejas llevar por un impulso momentaneo que avanza a cámara lenta. El tiempo se ha detenido. Tu cuerpo se mueve a x0.25 mientras corres calle arriba, de la mano de P. Te has olvidado de la Perdida, del Gran Viaje, de la Soledad. Te has olvidado porque has querido olvidarlo. Habías podido admitirla y formar parte de ella o ella de ti. Pero has decidido desecharla. Para eso te ha servido todas estas decisiones y caminos divididos. Para convertirte en lo negativo de tu propia personalidad. Para ser otra persona. Eso querías, ¿no? Oyes una explosión lejana. Humo sale de un torreón. El torreón de tu antiguo instituto. Como una catedral gótica, desafia a Dios y al cielo. Pero lo ignoras, claro. También oyes unos tambores lejanos. Un redoble constante que te empuja a ir más rápido, más rápido. x0.50. Te acuerdas de tu vieja bateria, llena de parches, remendada hasta la medicina desquiciada, siendo tú el doctor loco. Y retrocedes hasta aquellos años. Ahora tu pelo brilla más, sin los achaques del tiempo. Y es domingo por la tarde y la ciudad está vacía y corres con P. hacia ningún lugar, quizá un parque, quizá el muelle, quizá esa terraza de ese otro bar donde os gustaba sentaros a emborracharos a las cinco de la tarde de un día entre semana. Eso es lo que querías después de todo. [[Aquí puedes ver qué sucede después de subir toda esta calle y entrar en tu portal. -> P9]] [[Aquí se viaja al pasado. Es una maquina del tiempo. -> Pasado1]] <center><a href="https://www.youtube.com/watch?v=XFgqgvixkIQ">Baila por toda la eternidad.</a></center>El Tiempo es <center>f</center> s <P align=right>d</P> i <center>u</center> <P align=right>o</P> y complicado de encerrar en las manecillas de un reloj. ¿En qué años estamos? Hace mucho, mucho tiempo... Por ahí, más o menos. Hace sol, es otro verano, es de día, por la tarde, es un domingo, la ciudad está desierta. El centro, con sus tiendas cerradas y sus bares perezosos, no da cobijo a ningún transeunte. Estás con P. y quizá luego se pase N. por aquí. Quién sabe. Es de esas cosas que se deciden en un instante. Pero eres F E L I Z Así, en letras grandes. Lo eres. No te voy a engañar. Completamente. Porque no sabes todo lo que viene luego. Ahora la felicidad es un estado básico, un lugar de partida. Luego te costará conseguirla. Será más díficil. Estarás atacado por diferentes angustias y tribulaciones. Pero cada vez que consigas un momento de felicidad lo saborearás como nada. Y descubrirás que no ser feliz no es un problema, porque la felicidad no es un estado que se pueda embotellar. Es exactamente como el Tiempo. Has renegado el aprender eso, sin embargo. Te has retrotráido a un momento anterior a todo conocimiento, a toda sabiduria. Es más fácil, sí, pero... ¿cuánto tiempo puedes permanecer ahí? El sol te QUEMA por completo. Y ahora contemplas la imposibilidad de vivir siempre a las 4 P. M. de un domingo. Pero así ha sucedido. Ahora eres eterno. Y la eternidad apesta. <center><h1>''FIN''</h1></center>Tus labios, los suyos, canción pop. La escalera, el ascensor, tu casa. Es la de tus padres, realmente, que no están porque parece que ya nunca están. Tu cuarto, tus cosas, tu infancia, prepubertad, adolescencia. La post-adolescencia te pilló más lejos. Y ahí estás con P., como tantas veces has estado, como tantas veces habías desado estar. Ahora eres más mayor, los achaques te han dado experiencia y tu puntería ha mejorado. También todas esas paranoias y fobias tan necesarias para sobrevivir cuando el cuerpo comienza a sentirse débil. Todo ello te ha formado a ti, protagonista y personaje principal de esta historia. Tú crees tener algún control sobre esta vida, pero esta vida está controlada por todas las personas que te rodean. Como P., ahora, que te rodea con sus brazos. La luz de una farola ilumina la estancia. Solo ves sombras, formas, los limites de las cosas. No puedes ver las cosas en sí. Tampoco puedes ver a P. Notas su presencia, su cuerpo, sus extremidades. Pero no sus rasgos. Podría ser cualquier persona. Cualquier otro ser. Podría ser un hombre lobo, por todo lo que ves. Has olvidado quién era. Así, de repente. ¿Cómo se llamaba? Empezaba por P... Pero, ¿quién era realmente? ¿Un fantasma? ¿Eres tú el fantasma? Es esta tu casa encantada. Es este tu castigo prometéico. Repetir siempre el mismo día. Sentir dolor, sentir la recuperación, creerte a salvo. Y que vuelva el dolor. Pero su calidez. Oh, esa calidez olvidada. Has vivido en el frío glaciar y ahora notas como se derriten tus polos árticos y antárticos. Y hay algo maligno que te comienza a poseer. Un deseo. Una idea terrible. Una sensación de victoria inclasificable que no habías sentido antes. [[//Vete, corre, huye.// Oyes decir. Y empujas a P. hasta la salida. -> Caminocasa4]] [[Calla a tu cerebro hundiéndolo en un maremagnun de sensaciones perdidas. ->P10]]Estás en tu cuarto evitando toda aventura. Me has ignorado hasta a mi. Tienes un carácter díficil de tratar. Quizá por eso te invada esta soledad un tanto ebria que sientes al apoyar la cabeza en la almohada. En esta casa, la casa de tus padres, tus padres que nunca están presentes, que pocas veces lo han estado, tienes un cuarto. Una vez fue tu cuarto, pero ya no lo es. Es el cuarto de otra persona, de otra gente, de muchos otros. Pero desde luego no es tuyo. Ya no. Cierra los ojos, duerme, no te fijes mucho en el techo. ~~O en esa sombra.~~ O en esa figura que <sub>se arrastra por el suelo</sub>. No te preocupes. Yo te protejo. Este es un trabajo que te llevará tiempo. Tendrás que aprender a superar la Perdida. <sup>Sobreponerte a ella</sup>. Sobrellevarla. Tan solo date tiempo. Quizá te exiges demasiado. No eres mala persona, solo... es esta <h4>soledad</h4> que te atenaza. <center>R E S P I R A</center> Duerme. Yo vigilo en la noche. <center><h1>''FIN''</center></h1>Te dejas arrastrar por las sensaciones. Y esa idea florece en tu cabeza, se convierte en el centro del sistema solar formado por tus neuronas, tus recuerdos y tu persona. La venganza. La revancha definitiva. La victoria total. Has vencido y superado la Perdida, sí, pero también le has ganado la partida a P. Esa partida que comenzó hace mucho tiempo, mucho antes de la Desaparición y la Ruptura. En eso te has convertido. Ahora eres un True Player. <center>F E L I C I D A D E S</center> Con la cabeza sobre la almohada ves los títulos de crédito deslizarse por la pantalla. Quieres agradecerle a todo el mundo el exito conseguido. Pero ¿qué exito? ¿A quiénes les puedes agradecer nada? Cierras los ojos y... El sol entra por la ventana. No hay nadie más en la cama. Entonces sabes qué exito y a quién se lo puedes agradecer. <center><h3>A ti</h3></center> Y así acaba la historia. Tal y como empezó. En su casilla de salida. ¿Qué harás esta noche? <center><h1>''FIN''</center></h1>//N//. gritas a los cuatro vientos. El bar se mantiene inalterable. Tan solo una persona se gira, dándose cuenta de que lo están llamando. De que ese nombre, ese nombre que pueden tener un millar de personas solo en esa ciudad, le pertenece durante una fracción de tiempo. Es suyo, ahora, así que es lógico que si alguien lo pronuncia en alto, es N. el que está siendo invocado por ese conjunto de letras. Y te ve. Y te mira. Y te reconoce. //Tú por aquí//, comenta. Su frase es verídica. Tú estás aquí. Frente a N. Oh, N. N. te producía una envidia dolorosa, de rabia pura. Te hubiese gustado ser como N., tan afable, tan social. Siempre sabiendo qué decir en los momentos oportunos. Dejando a los demás ser los protagonistas de sus historias, mientras N. era una persona que quizá estaba o quizá no. Pero así funcionaba su narrativa. La persona para todo y para todos. Qué grandeza su sencillez, su simplicidad. El abrazo que te da. ''EL ABRAZO''. Y ya volvéis a ser las personas que una vez fuisteis. Quizá N. lo siga siendo. Su estatismo no es una desventaja, no es una lacra. Todo lo contrario. Ha encontrado una forma tan pura, tan perfecta, de coexistir en el mundo que... ¿Para qué cambiar? ¿Para qué evolucionar? ¿Qué bien conllevaría el revisar su identidad, su realidad y su mundo para ponerla en duda? Ninguna, claro. Por eso sigue siendo así. Sigue siendo N. No sabes, porque no puedes saber, si está con alguien, si está haciendo algo. O, reformulando la cuestión, no sabes qué hace aquí. Lo soluciona rápidamente. Te invita a ir a un garito donde va a tocar. Piensas en la música. En tocar. Cuando aporreabas aquella caja y aquel bombo. Cuando lo intentasteis tan fuerte. El fracaso. Te dice que salgas. Que sigas el camino de baldosas ensangrentadas. Llegarás al sitio. Y se esfuma. [[Estás un poco mareado y ya has hecho bastante el bochorno evitando a todo el mundo. Evita a N. También. Sientate en la barra y... Sobrevive como puedas. -> Borracho4]] [[El camino de baldosas tiene buea pinta. Es exactamente el tipo de camino que te gusta caminar. -> N2]]Esto no va a ser muy largo. Te lo prometo. La persona al otro lado ya se ha debido de ir. No ha vuelto a llamar en un buen rato. Y llevas allí... Bastante tiempo. Te gustaría saber si P. sigue en la barra, si se ha vuelto a sentar o ya se ha ido definitivamente. De repente, la urgencia apremia. Quieres salir. Te resbalas en lo que esperas que sea agua, aunque tiene un tinte amarillento, y golpeas la puerta con todo el cuerpo. No consigues deshacer las vueltas que le has dado al pestillo. Despacio. .oıɔɐdsǝD Despacio. Ahí está. Por fin estás fuera. [[Pero pasa algo. -> P2]] Oficialmente, la ebriedad te ha vencido. Te ha golpeado y noqueado como el púgil más blando al que jamás se haya enfrentado el Campeón de los Pesos Pesados de América. Además, es tarde y el bar está casi vacío. Has dejado pasar todas las oportunidades. Podrías volver a intentarlo pero... bueno, tienes que irte a casa. Ya no hay más opciones. Lo he intentado, de verdad. Quería que te divirtieses, que salieras de ese caparazón que has creado por tu propia cuenta y riesgo. No es tanto un caparazón como un casco y una armadura de espinas. Todo el que se acerca sale tan rebotado como dolorido. Crees que es parte de tu encanto, pero no es más que un autoengaño poco efectivo. Conoces bastante bien todos tus defectos pero careces del desconocimiento para superarlos. En vez de <sup>aquí</sup>, te encuentras constantemente <sub>aquí</sub> en un extraño pero conocido giro de los acontecimientos. Estás ya camino a casa. Pequeños destellos, fantasmales ideas, explotan en tu cerebro. Mira, allí, el instituto. ¿Sale humo de su torreón? Qué más da. ¿Y esa sala de fiestas? Cuánta gente habrá dentro bailando. Cuántas canciones solo recordadas y oídas a medias. Cuántas baterias perdidas, cuánto carrete malgastado. Cuántos fotogramas por segundo puedes alcanzar antes de derrapar irremediablemente contra una gran pared de ladrillo. Pero estás en tu [[cuarto -> Caminocasa4]].Hace una noche agradable. No necesitas chaqueta. No necesitas más que tu propio calor corporal. Esos días en los que solías tiritar nada más pisar la calle han quedado atrás. Ahora tiritas por otros motivos que no son la temperatura, sino por otros motivos más... sociales. Tienes suerte de que la calle no esté abarrotada aun y la gente no sobresale de los bares. Ese momento de la noche en el que no caben más personas dentro de los pequeños locales y la acera se llena de gente que grita y baila y bebe y habla y ríe en la acera. Es temprano aun. Has tenido suerte. Sigues las baldosas en la noche fresca. Y miras a la luz de la luna, que no alumbra ni señala nada, que se mantiene en el cielo por pura estética. La luna es apolítica, la luna solo entiende de poesía, de posar, de lucirse sin mostrarse. La luna es irrelevante, pero necesaria. Tú no eres ninguna de esas cosas. Tú simplemente caminas como un zombie caminaría por una calle desierta, esperando a morir de una vez, ya muerto, deseando encontrar comida, famélico, desesperado, sin poder mostrar todo lo que sucede en su mundo interior, rabioso. Esa rabia se muestra contra los que aun sí viven. Los que pueden correr más que tú, los que pueden sentir frío o calor, los que pueden pensar. Si te pinchan, no sangras. El hambre del zombie no es un instinto, te das cuenta ahora, es pura metafísica sentimental. Es arrebatarle a los demás lo que los hace distintos a ti. El zombie es la metafora definitiva de la democracia, de la tabula rasa. Cuando todos sean iguales, no diferentes, entonces podrás ser feliz. Y, poco a poco, mirando a la luna, te vienes a bajo. Como sucede más a menudo de lo que te gustaría. La que fue una buena idea hace un cuarto de hora se está convirtiendo en una terrible. Te amilanas. Tienes que obligarte a seguir caminando, a no dar media vuelta y dirigirte a casa. Todo sucede en un dirección u otra y ahora te toca elegir. Avanzar, retroceder. Es una metáfora, ¿lo pillas? [[Avanzar -> N3]] [[Retroceder -> Caminocasa]] La puerta es negra, ancha, alta, entera. No tiene fisuras, ni pomo, ni nada por donde agarrarla. No sabes cómo se abre. Empujas para dentro, pero no surte efecto. Intentas empujar hacia fuera, pero sin posibilidad de sujetarla con nada, es en vano. Parece como si empujases el aire hacia ti, agarrándolo en un abrazo violento y forzado. La verdad, todo el asunto es poco animoso. Lo último que necesitabas esta noche es una puerta negra, tan perfecta, tan pulida, tan eterna, que no da a ningún lado. ¿Y si eso es lo que sucede? ¿Y si más allá de esa puerta solo hay una pared? ¿Si no lleva a ningún lado? Te quedas mirando para ella, pensando que quizá una serie de palabras mágicas puestas en un orden concreto podría abrirla. Mientras un coro celestial canta una alegre melodía, la puerta se abriría emitiendo una luz incandescente desde tu interior que te cegaría y te impediría ver el resto de tu vida, tan solo observando sombras en unas tinieblas eternas. Nada de eso sucede cuando la puerta se abre. Alguien la empuja desde dentro y tienes que apartarte ligeramente hacia atrás para que no te dé en los morros. Sale ruido, perdón, música del interior, un olor a suelo pegajoso y bebidas derramadas y, lo más importante, una persona. Es. P. A P. ya le has dado esquinazo antes, así que quizá esté sea otro momento para evitar cualquier tipo de interacción. Pero está frente a ti y llevar a cabo una maniobra evasiva es demasiado tarde. Tendrás que decir //Hola// como si de verdad quisieses decir hola. Y P. responde. Y la conversación fluye. No hace ni frío ni calor, en esta noche. Estáis fuera, charlando. Lejos de la gente, lejos del ruido. Has redescubierto a una persona agradable, alguien a quien hacía mucho tiempo que no véias y, resulta, que es exactamente opuesta a tu imagen mental. Poco a poco, la conversación fluye, del fluir nace el calor, del calor nacen las proposiciones. Bailar, sí, es una buena idea. Ahí dentro no se puede bailar, te aclara P. Hay un sitio, sin embargo, donde sí que se puede hacer. //Vamos a bailar.// [[//Pero he venido a ver a N.// -> N4]] [[//Una idea excepcional.// -> P7]] Suena una batería y tus manos comienzan a tamborilear sobre tu muslo, nada más entrar. A la batería le sigue un bajo, luego una guitarra, un grito desgarrado y el sonido comienza a elevarse, llegando a cotas donde los oídos, sabes bien, pitarán al salir de allí tras una hora, taponados por el desgaste excesivo, pero con esa sensación de sentirte tan descansado, tan relajado. Te acercas a la barra y te sientas en un taburete. Uno de tus pies también se ha puesto a moverse por su cuenta, sin que tengas la capacidad para hacer nada por evitarlo. Ves a esa gente, encima del escenario. Ahí está N., también. Te preguntas todo lo que te has perdido. ¿Todo? Quizá no ha sido nada o no ha sido para tanto. A lo mejor tampoco era tu destino el saber tocar la batería o, si quiera, seguir tocándola. Pero el destino es una chorrada inventada para calmar el alma de aquellos que sufren de melancolía. No crees en el destino, sino en las elecciones que has tomado y las que has dejado de tomar. El coste de oportunidad. Por cada botón que pulsas, hay otros miles que nunca serán pulsados. Al menos que puedas volver [[atrás ->Bar]] e intentarlo de nuevo por otro camino. Pero no eres esa clase de persona, ¿no? Sigue adelante, sacrificando todos los universos posibles por ese universo tan certero y concreto que es tu presente. Y tu pasado. Así que qué más da si nunca descubrirás tus grandes dotes con la batería. O puede que los descubras más adelante. Eso nunca se sabe. Lo que sí sabes es que tampoco te ha ido tan mal y has hecho cosas. Puede que no sean las clases de cosas que impresionan a la gente que te rodea, pero hay otra gente, allí fuera, que sí has impresionado. ¿Eso es suficiente? Claro que no. Tú querrías impresionar a todo el mundo y que te clamen como un héroe. //Pero recuerda que eres mortal.// Pero olvidate un momento de ello. Sube a ese escenario. Ahora que han parado, que ya se están retirando. Pide unas baquetas. Demuéstrale a todo el mundo lo que vales. Aporrea ese instrumento como si el mañana fuese una cavidad que hace eco. N. se está acercando a ti. Pidéselo. Clama al cielo. [[Van a flipar -> N4.1]] [[Parece que N. quiere algo de mi -> N5]]Te subes, de improviso. La gente empieza a callarse al verte ahí arriba. Quién es esa persona, se preguntan. Qué hace ahí. No forma parte del grupo. Por qué ha subido. Menuda borrachera debe llevar encima. Nadie lo va a bajar. Pero qué está pasando. Menudo ser más incivilizado. Si todos fuesemos así... Madre mía, qué quiere de nosotros. Por qué nos mira así. 1 2 3 4 Agarras unas baquetas que están allí encimas, abandonadas, huerfanas. Te colocas. Quizá te subas un poco una pierna del pantalón. ¿Llevas pantalones? Puedes llevar lo que tu quieras, no dejes que yo dictamine tu vida. Lo que sí vas a hacer, porque así lo has decidido, es aporrear esa batería como si aun te acordases de todos esos temas, todas esas canciones, esa sensación creciente en el pecho de velocidad y tristeza, esa melancolía alegre. El sudor se desprende de tu pelo, llena la estancia, tus efluvios flotan alrededor de ti, tus extremidades han dejado de ser dóciles y ahora exclaman salvajes. Tus pies, tus manos, tus brazos, tu cabeza. Todo se mueve como si nada tuviese sentido. Tus ojos están tan cerrados que los parpados te duelen. Tus manos se cierran tan fuerte sobre las baquetas que te estás clavando las uñas. Una gota de sangre recorre todo el camino hasta un tambor. Lo esparces a golpes. Abres los ojos. Y todos te miran. En silencio. Nadie dice nada. Solo estás tú y tu sudor y tu vergüenza, que comienza a florecer y enrojecerte las mejillas. Les devuelves la mirada. Pero no hay conversación alguna. Ellos solo tienen interrogantes. ¿Qué has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Ha sido tu ego? ¿Es eso? ¿Querías ser el centro de atención? ¿Llevas toda la noche sin tratar con nadie y ahora querías aparecer por la puerta grande? ¿Para qué? ¿Qué has ganado? ¿A dónde te ha llevado? Las relaciones, como todo, se construyen con un ladrillo cada vez. [[Vete a casa. -> Caminocasa4]] Sales a la noche con N. Comenzáis a vagar mientras habláis, poniendóos al día. Te pone un poco nervioso, N. No sabes qué comentarle, hasta que punto puedes parecer pedante o imbécil. Quizá este tono no sea el adecuado, quizá esta información esté de más. Esa frase no es la adecuada. Ese miedo sin sentido que te embarga por dentro cuando tienes que hablar con otra persona. El miedo a la incomunicación te lleva a estar siempre en una burbuja que te aisla del mundo y los seres que lo habitan. Como N., que no sabe muy bien qué decir a continuación. Cada vez que sale un tema, lo matas con una contestación estandar y brusca. //Sí//, //ya//, //no sé//, //creo que no//, //puede ser//, //vaya faena//, //no te digo//, //pues yo...// Y ahí se acaba. Cuando dices //pues yo// y comienzas a relatar una historia sin sentido que parece emocionante, pero es bastante llana y aburrida. Déjame en paz. ¿A dónde os estáis dirigiendo? Digamos que estáis aquí:<a href="https://www.google.es/maps/place/2+Chome-33-6+Sakuradai,+Nerima-ku,+T%C5%8Dky%C5%8D-to+176-0002,+Jap%C3%B3n/@35.7448146,139.6647037,3a,75y,357.84h,74.46t/data=!3m6!1e1!3m4!1sdM0aBs10miLybg4do-HdQA!2e0!7i13312!8i6656!4m2!3m1!1s0x6018ed10c6a5f811:0xe17aaee3c4872da8"> ¿Ves esa máquina de bebidas? Por ahí estás</a> N. se para y saca una lata de algo. Huele a azucar. Es medio litro de azucar condensado y dilúido en agua burbujeante. A ti te empiezan a doler las muelas. Avanzáis un rato, seguís caminando. Llegáis hasta <a href="https://www.google.es/maps/@35.729079,139.6571383,3a,75y,49.89h,95.83t/data=!3m6!1e1!3m4!1spp0CIWzdPXN33w_ytrfv1w!2e0!7i13312!8i6656!6m1!1e1">aquí</a>, lo cual te resulta un poco extraño, porque es tu antiguo instituto. Espera... ¿Lo es? sí, tiene que serlo, porque yo digo que lo es. Quizá antes era más alto, tenía más madera, menos tierra, más columnas, algo interesante en su interior. Quizá no es la idea que tenía exactamente de él, sino que mi idea en concreto era <a href="https://www.google.es/maps/place/Instituto+de+Educaci%C3%B3n+Secundaria+Ies+Concepci%C3%B3n+Arenal/@43.4870608,-8.2292257,3a,75y,327.13h,89.2t/data=!3m6!1e1!3m4!1sAHqflrrnLja-jcNU0lyiWw!2e0!7i13312!8i6656!4m2!3m1!1s0xd2e760509b1c34f:0x7b53651d22bafbc2!6m1!1e1"> esta otra</a>, pero me parecía demasiado aburrido. Todo lo hago por el bien de la historia, recuérdalo. N., quizá debido a la bebida electrizante y dulzona, te pregunta si quieres entar a recordar viejos tiempos. Tú dudas. Para cuando ya tienes una respuesta, N. ya está dentro. Y tu [[sigues su rastro. ->N6]]N. entra delante de ti en el gran hall del instituto. Es un lugar mágico para ti, supongo. Tantos recuerdos, tanta memoria, tanto tiempo perdido o invertido, según lo mires, ensimismandote siempre con la misma gente, las mismas ideas, los mismos sentimientos. Contemplas el techo, cuidadosamente trabajado. La lampara de araña brilla, pese a que tan solo se refleja en ella la luz nocturna de la luna. No importa. Su grandeza no se ve empequeñecida por la oscuridad. Todo lo contrario. Parece un monstruo, un ser divino que espera en las alturas a sus presas. Tú eres su presa. Pero te dejas atrapar, elevar por ella, en una agradable sensación de ingravidez. Flotas en el aire, entre sus garras. Recuerdas eso. Recuerdas tambien los bocatas, las charlas, la primavera y la lluvia, que mojaba todo ese hall, pegada a los pies de los estudiantes que por allí transitaban. N. pone un pie en el primer escalón. Una gran escalera que conduce a la planta de arriba. Y ya sabes lo que hay en la planta de arriba, ¿no? Espero que sí, por el bien de la historia. Tu memoria es buena, según puedo comprobar. Así que no te confundas. No estoy para juegos. Miras la escalera, en su gran magnanimidad, ofreciéndote pequeños escalones por los que ascender. Uno tras otra, simple, sencillo, fácil. Pero tu mirada se aleja, poco a poco. ¿Qué hay más allá? Es una puerta. En un lateral, metiéndote por el pasillo. Está cerrada, pero algo se desprende de ella. Además, puedes ver una luz encendida por el resquicio que deja entre el final de la puerta y el suelo. Es de madera, está roída y humeda, como si hubiese sido abandonada por todo el mundo. Hay algo ahí abajo. Algo que te llama. Si fue tan fácil abrir la puerta de la entrada, ¿cuánto costará abrir esta? [[Escaleras, escaleras ->N7]] [[Puerta, puerta -> N6.1]]N. abre las puertas del gran salón. Un patio de butacas con cabida para doscientas personas y, al final, a lo lejos, un escenario. El escenario. Avanzas por el pasillo que dejan las butacas. Te conoces. Te conoces mejor que nadie, ahora mismo. Todas esas veces que has avanzado por ese pasillo, con publico, sin nadie, ensayando, con alguien más... La seguridad que te da lo conocido, lo malo conocido. Detrás del escenario hay un telón que esconde las bambalinas y un par de camerinos a los lados. Ah, los camerinos. El fervor adolescente de los camerinos. El camerino como un armario que da a otro mundo. Así sucede. Nada más subir los escalones frontales que dan al escenario, ya has entrado en otro estado de ánimo, en otro cuerpo que no es el tuyo sino el de una persona más segura de sí misma, con más valor y ganas por vivir estas historias tan desagradables. La ves resplandeciendo encima del escenario. La bateria. Oh, sí. Es La Bateria, sin duda alguna. Notas tus dedos tamborilear en el aire, tu pie llevando el ritmo del pedal del bombo. Necesitas sacarlo todo. Miras a N., que curiosea por aquí y por allá, haciendo como que la cosa no va con su persona. Pero claro que va. N. te llevó hasta allí. Oyes un ruido en el camerino, tras el telón. Quizá no sea nada. Seguro que no lo es. Bueno, yo no te lo puedo asegurar al cien por cien, pero has ido por la vida ignorando todo lo que te salía al paso, así que ahora no es el momento para echar un vistazo. O lo es. Es que la bateria brilla tanto... Viene con dos baquetas y todo. Está lista para ser tocada. Pide ser tocada. [[Pues toquémosla ->N8]] [[Tampoco es que se vaya a ir a ningún lado, vamos a curiosear ->N9]]Te sientas sobre el taburete. Oh, qué incomodo. Y qué a gusto. Qué bien. N. está en una butaca, sentado. Parece que ha encontrado lo que estaba buscando. Es una cámara. Una de esas desechables de plástico, hortera y vieja. Te saca una foto mientras sonríes alegre. Luego verás, otro día, lo amplía que es tu sonrisa. Una amplitud que créias perdida. Pero eso da igual ahora. Tan solo empieza. //Demuéstrame que aun sabes// grita N. desde el patio. Vaya si se lo vas a demostrar. <h3>Un Dos</h3> <h2>Un Dos </h2> <h1>Un Dos <centre>''FIN''</centre></h1>Entras en el camerino, dejando atrás la bateria y a N., que andaba entre las butacas buscando algo. Haces a un lado el telón para poder pasar. Y, bueno, pasas. El camerino tiene una puerta que, recuerdas ahora, nunca podía ser cerrada del todo. Era una pequeña desventaja del lugar, pero por todo lo demás... No estaba tan mal. Además, la gente sabía cuándo podía asomarse y cuándo no. Era como un radar interno que todos llevamos dentro, aunque el de algunos sea más perfecto que el de otros. Enciendes la luz del camerino, una simple bombilla que cuelga de un cable conectado al techo. Entre vestuario lleno de polvo, muebles medio rotos y viejos tablones que hacían de fondo para distintas obras, está S. Oh, señor. S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S S Piensa en su dentadura y en sus labios y en su mandibula y en su boca y en sus mejillas y en su nariz y en sus ojos y en sus parpados y en sus pestañas y en sus cejas y en su frente y en su pelo naciendo de la cabeza y terminando en unas puntas castañas sobre los hombros y piensa en los hombros y en los brazos que salen de esos hombros y en sus manos y en sus dedos y en sus uñas y piensa en las uñas arañando su vientre y piensa en su vientre y en su pecho y en su abdomen y en su ombligo y cómo el ombligo da comienzo a su cadera y a la marca que le quedaba del pantalón siempre a esa altura y cómo el pantalón escondía sus piernas y sus piernas acababan en sus pies y sus pies acababan en los dedos de los pies. Es S. que se abalanza sobre ti y te envuelve con su cuerpo y te sonríe y te besa ligeramente, si demasiada fuerza, solo un suave roce que te hace estremecerte y querer llorar y volver a casa y ser feliz para siempre, pero es tarde para eso y ya no puedes serlo, pero es S. contigo ahí en ese mismo instante, esa misma persona, esa S., que te abandonó, que se fue, que no volvió, por la que sufriste y peleaste y lloraste y aun recuerdas, aunque sabes que está mal y que no deberías hacerlo y quizá lo mejor sea dar [[un par de pasos atrás ->N9.1]] o dar [[un paso hacia adelante ->N9.2]] y abrazar su cuerpo porque es S. Sales del camerino, sin comprender muy bien qué ha pasado. Fuera, sin embargo, ya no queda nadie. ¿Dónde está N.? ¿Dónde está la bateria? ¿Dónde estás tú? Tienes miedo, el terro te está venciendo. Calma. Respira. Eso es. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Bien. Vuelve al camerino. Habla con S. Exponle tu caso. Juntos podréis resolver esto. En serio, vuelve al [[camerino]] Envuelves con tus brazos su cuerpo y acercas tu cara a su cara. Juntos. Otra vez. Como si nada hubiese pasado. Porque, ¿qué ha pasado realmente? Nada. Si haces borrón y cuenta nueva, tabula rasa en tu vida, estás donde empezaste, al principio. Y no me refiero al bar ni nada de eso, sino mucho antes. Antes de que este relato comenzase. ¿Y sabes por qué comenzó? Porque estaba terriblemente triste. Triste porque la gran mayoría de amigos que he tenido alguna vez en mi vida se han ido evaporando, como si estuviesen hechos de nieve en pleno julio. Así, así comenzó todo. Y tu no eres más que un avatar en mis manos, más que en las tuyas propias, que recorre mis propias tropelias, aquellas que yo no me atrevería a recorrer. Porque ya no se puede, porque no existe el pasado más que en la mente de uno mismo, una ilusión improbable, pero posible. Porque no puedes preservarlo y congelarlo, guardarlo en un tarro al fondo del congelador, cogiendo escarcha. Es comida para el alma tan perecedera que el momento anterior, la frase anterior a esta, la palabra que precede a la siguiente, ya ha caducado para siempre. Ya no sera la misma sensación, el mismo momento exacto. Será otro distinto. Por ejemplo, puedes volver al [[Bar]] e intentar otros caminos. Como son nuevos, la experiencia será radicalmente distinta. Si coges el mismo, sin embargo... ¿Qué esperas encontrar? ¿Una frase olvidada? ¿Un momento favorito? Nada de eso existe. Todos somos gatos cayendo sin control. Intentamos girar sobre nosotros mismos y colocarnos para recibir el impacto, pero tan solo el frío y duro cemento nos recibirá en el final. <h1><center>Este es el ''fin''</center></h1>La luz del camerino vuelve a estar apagada. Extraño, otra vez, porque la habías dejado encendida. No te preocupes. El interruptor está por aquí. A ver... Sí, aquí está. Listo. //click// El vestuario, el polvo, los muebles, los tablones de madera. Pero ni rastro de S. En un intento desesperado, intentas saber qué ha sido de S. Detrás de algo. No, imposible, no hay <h3>nada</h3> allí. O sea, no hay <h3>posibilidad</h3> de que se haya podido esconder tras <h3>nada.</h3> Así que otra vez por tu cuenta. Quizá en el otro [[camerino2]].El otro camerino. Ah, este sí que tenía la posibilidad de cerrarse la puerta por completo. Y ahora no abre. Tiras y vuelves a tirar del pomo. Nada. Das unos pequeños golpecitos //toc// //toc// ¿Hay alguien? Si lo hay, nadie responde. Extraño, de nuevo. Sales al escenario. Vacío. El patio de butacas. Vacío. El gallinero, en lo alto. Vacío. Vacío, vacío, vacío. Está todo vacío. Todos te han abandonado de nuevo. Terrible, ¿no? Vaya que sí. Pero, oh, la soledad. Qué romántica es. Cuánta mitología sobre la soledad. Qué a gusto está uno en ella, recargando las pilas, olvidándose del móvil y del ordenador y de las redes sociales y de las amistades y relaciones tóxicas. Oh, sí, la soledad es lo que tiene, que son todo ventajas, mientras estás sentado sobre el escenario, con los pies colgando al vacío. Piensas en saltar. Y saltas. //chof// Es todo lo que queda de ti. Vete a casa, anda. <h1><center>''FIN''</center></h1>Al lado de la puerta está D. No lo habías visto antes. Lo ignoraste en un primer momento pero su gesto es serno, no muestra enfado alguno. Al contrario. Una gran sonrisa se pinta en su rostro. Parece el guardián ante el umbral, la esfinge que juzgará tu sabiduría. ¿Tienes el cuerpo listo para esto? Claro que sí. La puerta te llama, como tantas otras puertas te han llamado antes. Esta vez tienes que atender a su llamada, no puedes ignorarla. Siempre has sido así de débil ante los impulsos instantaneos. Olvídate de N. Estás tú y ella. Abres la [[puerta -> D9]].